Todo el mundo ha podido experimentar a lo largo de la vida esas mariposas recorriéndo el estómago, o ese pulso acelerado, pero... ¿qué hace que nos enamoremos de una persona y no de otra?
Desde un punto de vista psicológico, una de las principales hipótesis más aceptadas se basa en la llamada "Ley de la correspondencia" que puede resumirse con la frase: cada cual busca a la pareja que cree merecer.
En realidad, es mucho más complejo que esto, pues antes de que una persona se fije en otra ya tiene construido un mapa mental, desarrollado desde los 5 años de edad (según el sexólogo John Money) como resultado de un entretejido molde de recuerdos conscientes e inconscientes de nuestras relaciones con la familia, nuestros amigos, experiencias y hechos fortuitos. Además de esto, entra en juego la química del amor, puesto que se produce una cascada de reacciones emocionales: hay electricidad (descargas neuronales) y hay química (hormonas y otras sustancias que se liberan) haciendo que nuestra forma de actuar cotidiana se marche de vacaciones y entremos en un estado de imbecilidad transitoria que por suerte no dura mucho. Es por todo esto, que sufrimos los signos del enamoramiento:- El corazón late más deprisa (alrededor de las 130 pulsaciones/minuto) aumentando en mucho la presión sistólica (la que conocemos como máxima).
- Se liberan grasas y azúcares para aumentar la actividad muscular, lo que nos hace sentirnos más energéticos.
- Las pupilas se dilatan hasta un 30% más, para no perder detalle de la persona amada (de aquí proviene el hecho de que parezca que los ojos brillan).
- Se generan más glóbulos rojos para aumentar el transporte de oxígeno en el torrente sanguíneo.
Por todo esto, no hay duda: el amor es una enfermedad. Tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción. Si en la cirrosis es el hígado, los padecimientos y goces del amor se esconden, irónicamente, en esa ingente telaraña de nudos y filamentos que llamamos sistema nervioso autónomo. En ese sistema, todo es impulso y oleaje químico. Aquí se asientan el miedo, el orgullo, los celos, el ardor y, por supuesto, el enamoramiento. A través de nervios microscópicos, los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos pilosos y glándulas sudoríparas del cuerpo. El suave músculo intestinal, las glándulas lacrimales, la vejiga y los genitales, el organismo entero está sometido al bombardeo que parte de este arco vibrante de nudos y cuerdas. Las órdenes se suceden a velocidades de vértigo: ¡constricción!, ¡dilatación!, ¡secreción!, ¡erección! Todo es urgente, efervescente, impelente... Aquí no manda el intelecto ni la fuerza de voluntad. Es el reino del siento-luego-existo, de la carne, las atracciones y repulsiones primarias..., el territorio donde la razón es una intrusa.
El verdadero enamoramiento sobreviene cuando se produce en el cerebro la feniletilamina, compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas que tiene la capacidad de aumentar la energía física y la lucidez mental. El cerebro responde a tal compuesto con la secreción de dopamina (neurotransmisor responsable de los mecanismos de refuerzo del cerebro, es decir, de la sensación de deseo y del placer de repetir un comportamiento estimulante), norepinefrina y oxitocina (mensajero químico responsable del deseo sexual), provocando que los enamorados puedan permanecer horas coqueteando entre ellos, haciendo el amor o conversando sin sensación alguna de cansancio o sueño.
Estos compuestos ayudan a forjar lazos permanentes entre la pareja tras la primera oleada de emoción y por si fuera poco hasta fortalecen el sistema inmunológico. En caso contrario, a las personas que tienen menos receptores cerebrales de los que se necesitan para recibir la oxitocina, se les dificulta establecer lazos permanentes con su pareja.
Lamentablemente el período de enamoramiento no es eterno, perdura de 2 a 3 años, incluso a veces más, pero al final la atracción bioquímica decae ya que, con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias. Es entonces cuando comienza una segunda fase donde están presentes otro tipo de sustancias químicas como las endorfinas de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos, los que confieren la sensación común de seguridad, comodidad y paz, dando lugar a la etapa del apego. Y es que, en caso de perder al ser querido, dejamos de recibir nuestra dosis diaria de narcóticos.

A ti te conozco yooo!!!, bueno, te conocí el Sábado en "La mazmorra"... borrachos, que sois tos unos borrachos XDDD
ResponderSuprimirAle, si no sabes quien soy, pincha que en mi blog hay una foto muy reveladora con el loco de Raúl jajajaja.
Bueno, por esa minifoto de tu perfil juraria que eres tú el que hacia duo con "Lao" XDD
Y si no eres tú, disculpame e ignora este mensaje XDD
Ale, un saludete desde Málagaa!!
Jajaja, claro que siii, que cogorza más buena nos pillamos!!! Teneis que venir más a menudo, que la liamoooos.
ResponderSuprimirUn besazo desde Almería!!
Jajajaja, claro que volveremos, y la proxima vez será un finde completo!!, que nos lo pasamos mu bien...estais todos "grillaaos" y a mi me encanta la gente alocada jajajaja.
ResponderSuprimirA ver si a la proxima me animo yo tambien a beber, que yo con alcohol en el cuerpo dicen que soy una pechá de reir XDD
Un besote fuerte!!!
Nene, pero qué esto de los neurotransmisores o no se qué más, a ver, a mi me pone mi novio y punto!! no hay tanta leche de estas....vamos, que si me mola por lo trinco y sino, pos paseo jajajajaja, así de fácil, que si te pones a mirarlo así, mae mia, qué cosas mas complicasss, me da hasta pereza jajajjja
ResponderSuprimirPues a mi me ha gustado mucho.....
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